Condiciones hídricas excepcionales y un manejo estratégico que capitaliza las lecciones aprendidas. La información que recabamos fue por un lado del Ing. Alberto Malmantile, de INTA Venado Tuerto, y María José Dickie, de INTA Cañada de Gómez. La visión de un escenario productivo notablemente superior a los de temporadas recientes, marcando un hito que nos retrotrae a años de alta productividad.
Comenzamos la campaña con un alivio palpable. Tras años de desafíos climáticos, el actual escenario presenta un punto de partida fundamentalmente distinto y superior. Alberto Malmantile señala que debemos remontarnos a campañas como 2007 - 2008 para encontrar condiciones similares de inicio.
La recuperación hídrica en los perfiles del suelo es, sin dudas, la principal fortaleza de esta pre-campaña. María José Dickie confirma que las reservas se han recuperado hasta los 2 metros de profundidad, a diferencia del año pasado donde solo se alcanzó el primer metro. Ella describe esto como una “cajita de ahorro” de agua en el suelo, una ventaja crucial para la planificación estratégica de la siembra. Esta carga hídrica ya era notable, con perfiles que contenían entre 200 y 220 milímetros de agua a 2 metros, incluso antes de las recientes precipitaciones de julio.
Las lluvias de julio, estadísticamente atípicas para el mes, han sido un bonus inesperado y muy positivo. Malmantile reporta entre 30 y 35 mm en su departamento, mientras que la especialista de Cañada de Gómez destaca que en algunas zonas superaron los 60 mm, lo que es significativamente superior a los 30 mm que son considerados normales para el mes. Ambas perspectivas coinciden en que estas lluvias representan una “muy buena señal” y un factor altamente positivo.
En cuanto al panorama climático a futuro, si bien María José Dickie advierte sobre un despertar de La Niña, enfatiza que no es motivo de alarma, ya que las probabilidades de una fase Niña fuerte se mantienen por debajo del 50% (alrededor del 40%), predominando aún la fase neutral. Esto sugiere un pronóstico de invierno y principios de primavera con condiciones normales para la región, aunque con una tendencia seca en el planteo de año normal, lo cual subraya la importancia de la humedad acumulada en el perfil del suelo.

Maíz de siembra temprana: optimizando el potencial y manejo de plagas
Con estos perfiles cargados, la siembra temprana de maíz se presenta como una estrategia clave para maximizar rendimientos. Las fechas óptimas, que van desde el 10 o 15 de septiembre en adelante, con los mejores resultados a fines de septiembre y principios de octubre, serán aprovechables como no lo eran en campañas anteriores.
La preparación del lote es fundamental, con un foco en el control de malezas y la aplicación de herbicidas para conservar la humedad y permitir una siembra sin contratiempos.
Una preocupación significativa de campañas anteriores, la chicharrita (vector de enfermedades del maíz), parece controlada para el inicio de esta campaña. Tras un año atípico donde las condiciones de lluvia y altas temperaturas provocaron la germinación masiva de maíces de cola de máquina (lo que inicialmente se confundió con pérdidas de cosecha, pero eran pérdidas normales de semillas que germinaron), estos lotes se convirtieron en reservorios de la chicharrita.
Sin embargo, las sucesivas heladas cumplieron una función sanitizante, secando completamente estos maíces voluntarios y provocando la desaparición de la plaga, lo que augura un arranque de campaña sin este problema. Adicionalmente, se están evaluando y mostrando nuevos materiales con algún tipo de tolerancia al insecto, lo que ofrece una herramienta extra para futuras siembras, especialmente las tardías o de segunda.

Maíz de segunda: un margen atractivo con ajustes de manejo diferenciados
El atractivo margen económico entre trigo y maíz está impulsando un incremento significativo en las consultas para siembras de maíz de segunda.
Para esta modalidad, si bien existen materiales que se adaptan muy bien al ciclo, Alberto Malmantile enfatiza que el manejo debe ser totalmente distinto al de una siembra temprana.
Un aspecto crítico es el monitoreo de nitrógeno. Al salir de un cultivo tan demandante como el trigo, los niveles de nitrógeno disponible suelen ser inferiores, por lo que es esencial evaluar cuánto insumo nitrogenado aplicar para asegurar un desarrollo óptimo.
Otro ajuste importante es la reducción de la densidad de siembra. Esta práctica, ya adoptada por muchos productores, se ha demostrado efectiva para mejorar los rendimientos, reducir el vuelco y el quebrado, especialmente en un contexto donde la demanda de agua es crucial y debe gestionarse eficientemente. Los materiales actuales se han adaptado muy bien a esta densidad reducida en siembras tardías o de segunda.
Mirando hacia el futuro: un lujo de oportunidades y alto rendimiento
En resumen, la convergencia de una excepcional carga hídrica en los suelos, lluvias inesperadas en julio que refuerzan las reservas y un manejo proactivo de plagas y densidades de siembra configura un panorama sumamente alentador.
María José Dickie sintetiza este momento como un lujo y aconseja que las estrategias de siembra apuntan a capturar al máximo el potencial de alto rendimiento, aprovechando al cien por cien las reservas de agua disponibles.
La campaña se presenta, por ende, como significativamente mejor que la anterior, con condiciones acomodadas al ambiente que permiten un planteo mucho más ambicioso y con mayores probabilidades de éxito. Este escenario propicio invita a los productores a animarse y a planificar estratégicamente para aprovechar al máximo las óptimas condiciones de partida.